Manuel Leguineche trató de emular hace años la hazaña de Phileas Fogg emprendiendo un viaje de ochenta días alrededor del mundo trazando el mismo itinerario que Verne propuso en su novela. Pese a una planificación previa del viaje tardó ochenta y un días: se topó con una de las grandes enemigas de la libertad, esto es, la burocracia.
En este último viaducto de la Constitución-Inmaculada me he sentido más bien como monsieur Sans-délai, el personaje del artículo "Vuelva Usted Mañana" de M.J. Larra. Me ha dado infinita pena corroborar en mis propias carnes que España no ha cambiado demasiado desde el siglo XIX, nuevas tecnologías mediante. Miren, qué asco me dan a veces las cosas. ¿Nos hemos vuelto aún más tontos de lo que ya éramos o qué?
Perdonen la diatriba, pero así les prevengo por si quieren ir a fotografiar en este caso dos panteones: el Real de San Isidoro (León) y el también Real de la catedral de Santiago Apóstol (Santiago de Compostela).
Empiezo por el primero: el Panteón Real de la colegiata de San Isidoro en León capital, una auténtica preciosidad románica, una delicia para los sentidos, la quinta esencia de la pintura románica (que me perdonen los vecinos de Taull y los de Berlanga). Ya había estado con anterioridad y me quedé algo chafada porque no dejaban sacar fotografías. También les diré que me parece lógico pues los frescos son muy sensibles a las luces del flash y las visitas numerosas.
Ni corta ni perezosa me puse en contacto con el Museo de San Isidoro por si existía la posibilidad de traerles a ustedes (y a mí misma, conste) unas instantáneas aderezadas con un texto histórico-artístico e incluso antropológico sobre el mismo. Muy amables me contestaron en el mismo día, peeero lo que me indigna ha sido alguna de las condiciones para tal menester:
1. No se pueden hacer fotografías dentro del horario de visitas (me parece bien).
2. Se debe cumplimentar un impreso de identificación, etcétera (bien también)
3. Se tiene que pagar una tasa de 76 € más IVA por hora de trabajo (o sea, 90 €, que de acuerdo, el mantenimiento de estos edificios se las trae, pero ¿90 € por una hora? Excesivo, lo siento).
4. Se tiene que ceder una copia al centro del material obtenido (¿perdón?).
Este último punto es el que más me cabreó. De manera que tengo que pedir un permiso, acomodarme a las horas en las que no haya visitas (casi mejor, también os lo digo), firmar unos papeles y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡regalarles mi trabajo!!!!!!!!!!! Oigan, señores, lo mismo que ustedes se ganan la vida mostrando y protegiendo un patrimonio que, me temo, es de todos, yo me gano la vida -o al menos lo intento- como fotógrafa. Una de mis fotos vale tanto o más que el precio que ustedes cobran por una hora de visita y aún así tengo que cedérselas de balde... ¿Dónde quedan mis derechos como fotógrafa? Miren, nunca me ha importado brindar estos derechos, esta bitácora es de licencia Creative Commons, pero que tenga que pagarles y además obsequiarles con mi trabajo para que después hagan con mis imágenes lo que les venga en gana, lo siento: no (hay un refrán castellano que resume muy bien todo lo dicho: encima de puta, poner la cama).
Aún así tendré que transigir si quiero obtener mi propósito. ¡Lástima, oigan!
El segundo: el Panteón Real de la catedral de Santiago Apóstol en Santiago de Compostela. Partamos del punto de que la cagada ha sido mía desde el principio por no documentarme bien antes de salir rumbo a Galicia. Acudí a la fuente principal, la web del monumento (también acudí, cómo no, al foro de Enterramientos Reales), para informarme por si había algún problema con las fotografías. Por lo visto leí en diagonal y no me percaté de que el Panteón Real está, aunque anexionado a la propia catedral, en el museo. Y en el museo no se pueden hacer fotos...
Cuando compré la entrada del museo expresé mi deseo de tomar unas instantáneas únicamente en el Panteón Real explicándoles mi proyecto ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! En principio no me pusieron mayor objeción. Al entrar al museo pedí de nuevo permiso al hombre que picaba los tickets y a los guardas de seguridad: mientras seas respetuosa, no hay ningún problema, me dijeron. Rauda me dirigí a la planta del claustro. ¡Mamma mía, aquello es una tumba andante!
Entré al panteón y casi muero del susto ante tanta belleza: seis sepulcros medievales, algunos más acertados que otros, adosados a las paredes de la sala con sus escudos nobiliarios en la clave del arco.
Les juro que ni rocé nada de lo que allí se exponía y han de creerme cuando les digo que algunos candelabros estaban situados en lugares que dificultaban el proceso.
A los diez minutos se acercó el guarda de seguridad para decirme que no estaban permitidas las fotos a lo cual respondí que ya lo sabía, pero que me habían dado consentimiento abajo y que no estaba utilizando en ningún caso el flash. Ay, soy más paciente que el santo Job, pero se me cruzaron los cables en aquel preciso instante en el que me hicieron sentir como una terrorista sacándome del panteón por las buenas, eso sí. Les he de decir también que en el tiempo que estuve allí todos o casi todos los visitantes provistos de sus ayfons y de sus compactas hicieron disparos en la capilla y no se les dijo nada. Fui poco astuta, lo sé. Utilicé la asertividad en el lugar equivocado granjeándome que mi trabajo se quedara a la mitad. :-(
Burocracia 1 - Calamidad 0
Pero soy más terca que una mula y me encaminé hacia la caza y captura del permiso. La Casa del Deán estaba literalmente andamiada, con un cartelillo que decía "Le atendemos más abajo". Fui a la Oficina del Peregrino (era el lugar donde atendían más abajo) y pregunté amablemente a los muchachos cómo obtener el permiso. Se me quedaron mirando como las vacas al tren. Me enviaron de nuevo a la Casa del Deán. Dí una vuelta en busca de un timbre. Nada. Volví a la Oficina del Peregrino. La segunda vez hubo una consulta a algún compañero más enterado (¡pobrines, me atendieron fenomenal, conste!) y retomaron la misma monserga.
Burocracia 2 - Calamidad 0
Aún así no tiré la toalla y fui a la Cofradía de la Orden de Santiago situada en la misma catedral. La mujer que me atendió fue amabilísima y me puso en contacto telefónico con la persona que me daría el ¡ay! permiso. Tenía que enviar un email y bla, bla, bla (también cederles el material obtenido, ¡qué manía, carajo!). Le expliqué al señor que se situaba al otro lado del teléfono que me tenía que ir a las tres de la tarde -eran poco más de las doce- y que no podía enviarle un email ya que estaba de vacaciones y no tenía ningún dispositivo con el que acceder a internet. También le conté mi proyecto, esta bitácora, que creo le entró por una oreja a la misma velocidad que le salió por la otra.
Burocracia 3 - Calamidad 0
Fin de la historia. :-/
Yo no sé si son conscientes estos establecimientos del flaco favor que se están haciendo a sí mismos a la larga poniendo taaantas trabas y taaantos requisitos para poder mostrar y demostrar nuestra adoración y respeto hacia estos monumentos que, repito y creo, son patrimonio de todos. ¡Si es publicidad gratuita y además de la buena! (créanme cuando les digo que el boca-oreja es la mejor publicidad del mundo).
Soy consciente del avasallamiento turístico que solo busca la imagen en el lugar para decir a sus amigos y familiares "aquí he estado yo" (vayan al Louvre e intenten ver la Monalisa de Da Vinci para comprender lo que les digo) y creo que estas medidas están escritas básicamente para proteger el delicado patrimonio que tenemos, pero, no sé, cuando una muestra tanto respeto y cuidado, tanto arrobamiento y pasión por poder describir lo que está viendo con sus ojos, ¿no se podría levantar un pelín la mano?
Prometo obsequiarles después de esta rabieta no infantil con un bonito post navideño y otro de fin de año (ya les tengo casi casi horneados).
En este último viaducto de la Constitución-Inmaculada me he sentido más bien como monsieur Sans-délai, el personaje del artículo "Vuelva Usted Mañana" de M.J. Larra. Me ha dado infinita pena corroborar en mis propias carnes que España no ha cambiado demasiado desde el siglo XIX, nuevas tecnologías mediante. Miren, qué asco me dan a veces las cosas. ¿Nos hemos vuelto aún más tontos de lo que ya éramos o qué?
Perdonen la diatriba, pero así les prevengo por si quieren ir a fotografiar en este caso dos panteones: el Real de San Isidoro (León) y el también Real de la catedral de Santiago Apóstol (Santiago de Compostela).
Empiezo por el primero: el Panteón Real de la colegiata de San Isidoro en León capital, una auténtica preciosidad románica, una delicia para los sentidos, la quinta esencia de la pintura románica (que me perdonen los vecinos de Taull y los de Berlanga). Ya había estado con anterioridad y me quedé algo chafada porque no dejaban sacar fotografías. También les diré que me parece lógico pues los frescos son muy sensibles a las luces del flash y las visitas numerosas.
Ni corta ni perezosa me puse en contacto con el Museo de San Isidoro por si existía la posibilidad de traerles a ustedes (y a mí misma, conste) unas instantáneas aderezadas con un texto histórico-artístico e incluso antropológico sobre el mismo. Muy amables me contestaron en el mismo día, peeero lo que me indigna ha sido alguna de las condiciones para tal menester:
1. No se pueden hacer fotografías dentro del horario de visitas (me parece bien).
2. Se debe cumplimentar un impreso de identificación, etcétera (bien también)
3. Se tiene que pagar una tasa de 76 € más IVA por hora de trabajo (o sea, 90 €, que de acuerdo, el mantenimiento de estos edificios se las trae, pero ¿90 € por una hora? Excesivo, lo siento).
4. Se tiene que ceder una copia al centro del material obtenido (¿perdón?).
Este último punto es el que más me cabreó. De manera que tengo que pedir un permiso, acomodarme a las horas en las que no haya visitas (casi mejor, también os lo digo), firmar unos papeles y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡regalarles mi trabajo!!!!!!!!!!! Oigan, señores, lo mismo que ustedes se ganan la vida mostrando y protegiendo un patrimonio que, me temo, es de todos, yo me gano la vida -o al menos lo intento- como fotógrafa. Una de mis fotos vale tanto o más que el precio que ustedes cobran por una hora de visita y aún así tengo que cedérselas de balde... ¿Dónde quedan mis derechos como fotógrafa? Miren, nunca me ha importado brindar estos derechos, esta bitácora es de licencia Creative Commons, pero que tenga que pagarles y además obsequiarles con mi trabajo para que después hagan con mis imágenes lo que les venga en gana, lo siento: no (hay un refrán castellano que resume muy bien todo lo dicho: encima de puta, poner la cama).
Aún así tendré que transigir si quiero obtener mi propósito. ¡Lástima, oigan!
El segundo: el Panteón Real de la catedral de Santiago Apóstol en Santiago de Compostela. Partamos del punto de que la cagada ha sido mía desde el principio por no documentarme bien antes de salir rumbo a Galicia. Acudí a la fuente principal, la web del monumento (también acudí, cómo no, al foro de Enterramientos Reales), para informarme por si había algún problema con las fotografías. Por lo visto leí en diagonal y no me percaté de que el Panteón Real está, aunque anexionado a la propia catedral, en el museo. Y en el museo no se pueden hacer fotos...
Cuando compré la entrada del museo expresé mi deseo de tomar unas instantáneas únicamente en el Panteón Real explicándoles mi proyecto ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! En principio no me pusieron mayor objeción. Al entrar al museo pedí de nuevo permiso al hombre que picaba los tickets y a los guardas de seguridad: mientras seas respetuosa, no hay ningún problema, me dijeron. Rauda me dirigí a la planta del claustro. ¡Mamma mía, aquello es una tumba andante!
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| Las cuatro alas del claustro están repletas de lápidas de personas relevantes en algún momento de los ochocientos años de historia de la catedral de Santiago Apóstol. |
Entré al panteón y casi muero del susto ante tanta belleza: seis sepulcros medievales, algunos más acertados que otros, adosados a las paredes de la sala con sus escudos nobiliarios en la clave del arco.
Les juro que ni rocé nada de lo que allí se exponía y han de creerme cuando les digo que algunos candelabros estaban situados en lugares que dificultaban el proceso.
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| Sepulcro de la reina Juana de Castro, esposa de Pedro I, con ese bonito candelabro delante de la faz de la estatua. |
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| Sepulcro de Pedro Froilaz, Conde de Traba, Ayo del rey Alfonso VII, con otro bonito candelabro en la testa. Tiene otros dos a los pies que ni un contorsionista del Cirque Du Soleil podría sortearlos. |
A los diez minutos se acercó el guarda de seguridad para decirme que no estaban permitidas las fotos a lo cual respondí que ya lo sabía, pero que me habían dado consentimiento abajo y que no estaba utilizando en ningún caso el flash. Ay, soy más paciente que el santo Job, pero se me cruzaron los cables en aquel preciso instante en el que me hicieron sentir como una terrorista sacándome del panteón por las buenas, eso sí. Les he de decir también que en el tiempo que estuve allí todos o casi todos los visitantes provistos de sus ayfons y de sus compactas hicieron disparos en la capilla y no se les dijo nada. Fui poco astuta, lo sé. Utilicé la asertividad en el lugar equivocado granjeándome que mi trabajo se quedara a la mitad. :-(
Burocracia 1 - Calamidad 0
Pero soy más terca que una mula y me encaminé hacia la caza y captura del permiso. La Casa del Deán estaba literalmente andamiada, con un cartelillo que decía "Le atendemos más abajo". Fui a la Oficina del Peregrino (era el lugar donde atendían más abajo) y pregunté amablemente a los muchachos cómo obtener el permiso. Se me quedaron mirando como las vacas al tren. Me enviaron de nuevo a la Casa del Deán. Dí una vuelta en busca de un timbre. Nada. Volví a la Oficina del Peregrino. La segunda vez hubo una consulta a algún compañero más enterado (¡pobrines, me atendieron fenomenal, conste!) y retomaron la misma monserga.
Burocracia 2 - Calamidad 0
Aún así no tiré la toalla y fui a la Cofradía de la Orden de Santiago situada en la misma catedral. La mujer que me atendió fue amabilísima y me puso en contacto telefónico con la persona que me daría el ¡ay! permiso. Tenía que enviar un email y bla, bla, bla (también cederles el material obtenido, ¡qué manía, carajo!). Le expliqué al señor que se situaba al otro lado del teléfono que me tenía que ir a las tres de la tarde -eran poco más de las doce- y que no podía enviarle un email ya que estaba de vacaciones y no tenía ningún dispositivo con el que acceder a internet. También le conté mi proyecto, esta bitácora, que creo le entró por una oreja a la misma velocidad que le salió por la otra.
Burocracia 3 - Calamidad 0
Fin de la historia. :-/
Yo no sé si son conscientes estos establecimientos del flaco favor que se están haciendo a sí mismos a la larga poniendo taaantas trabas y taaantos requisitos para poder mostrar y demostrar nuestra adoración y respeto hacia estos monumentos que, repito y creo, son patrimonio de todos. ¡Si es publicidad gratuita y además de la buena! (créanme cuando les digo que el boca-oreja es la mejor publicidad del mundo).
Soy consciente del avasallamiento turístico que solo busca la imagen en el lugar para decir a sus amigos y familiares "aquí he estado yo" (vayan al Louvre e intenten ver la Monalisa de Da Vinci para comprender lo que les digo) y creo que estas medidas están escritas básicamente para proteger el delicado patrimonio que tenemos, pero, no sé, cuando una muestra tanto respeto y cuidado, tanto arrobamiento y pasión por poder describir lo que está viendo con sus ojos, ¿no se podría levantar un pelín la mano?
Prometo obsequiarles después de esta rabieta no infantil con un bonito post navideño y otro de fin de año (ya les tengo casi casi horneados).









































