Figuritas
Mi cruce de cables entre la Bella Durmiente de Cienfuegos (Cuba) y la Castañera de Génova (Italia)
12/21/2011 10:48:00 a. m.
Queridos lectores:
No me digan cómo he llegado a esta conclusión, pero siempre he creído, hasta que empecé con este post, que la Bella Durmiente de Cienfuegos había sido una antigua castañera que fue pagando su estatua funeraria poco a poco. Pero no, la Bella Durmiente no es la Castañera de Staglieno (Génova) que sí responde al resumen aquí contado.
Un inciso ya que la historia de Caterina Campodonico -la castañera- es digna de mención, pese a que no la pueda ilustrar con fotografías propias: yo..., ehem..., nunca he estado en Staglieno (no me maten, sé que es un delito para cualquier amante del arte funerario)...
La señora Campodonico era una humilde castañera genovesa que hete aquí regalaba castañas a un joven y pobrón estudiante llamado Giuseppe Verdi siempre se acercaba a su puesto. Ese tal Verdi ;-) se convirtió con los años en un afamado compositor de óperas, así que en agradecimiento a Caterina le invitó a todos y cada uno de sus estrenos operísticos.
En vida la mujer no trascendió, pero sí quiso que su descanso eterno fuera admirado por todos los que se acercaran al camposanto de Staglieno. De tal forma la castañera fue pagando al escultor Lorenzo Orengo en cómodos plazos la talla de su escultura funeraria. Murió antes de saldar la cuenta con el artista, pero todos aquellos que la conocieron, incluido Verdi, fueron a escote para cumplir la última voluntad de la señora Campodonico.
Bonito, ¿verdad?
En fin que, como les digo, había oído campanas, pero no sabía dónde tocaban y venía tan contenta a ilustrarles sobre la otra castañera -por aquello de que es una figura tradicional en nuestros belenes y estamos en vísperas de Navidad-, pero imposible. ¿Imposible? Esperen. Resulta que la Bella Durmiente sí que tiene en cierto modo una estrecha relación con el cementerio genovés.
Su nombre real fue María Josefa Álvarez Miró y murió bien jovencita alumbrando un hijo. El hecho de que en la estatua aparezcan tres frutos de adormidera y una serpiente ha dado lugar a infinitud de leyendas en la isla de Cuba, pero lejos de saborear cuentos fantásticos y fantasiosos que comienzan con la mordedura de un ofidio y llegan hasta la tragedia de un amante que se fue de viaje y encontró a su amada inmortalizada en mármol en una visita casual al Cementerio de la Reina, vamos a lo que nos interesa: su factura.
Aquí tienen una foto. Aquí tienen otra. Aquí una más.
La historia de la Bella Durmiente o más bien de la pieza original en la tumba Erba genovesa se me antoja similar a la de la celebérrima Ángela de la Resurrección, en el panteón Oneto, obra de Giulio Monteverde, mil veces plagiada a lo ancho y largo de este mundo: buscando y rebuscando he encontrado varias estatuas funerarias más -todas ellas en el continente americano- que responden a la misma forma, postura e incluso simbología (adormideras y serpiente). Al menos hay una Uruguay (en la página 13 de este pdf podrán ver dos fotos aunque de poca calidad) y otras repartidas por el continente americano (de las cuales no he encontrado imagen alguna pero sí referencia en internet).
No me digan cómo he llegado a esta conclusión, pero siempre he creído, hasta que empecé con este post, que la Bella Durmiente de Cienfuegos había sido una antigua castañera que fue pagando su estatua funeraria poco a poco. Pero no, la Bella Durmiente no es la Castañera de Staglieno (Génova) que sí responde al resumen aquí contado.
Un inciso ya que la historia de Caterina Campodonico -la castañera- es digna de mención, pese a que no la pueda ilustrar con fotografías propias: yo..., ehem..., nunca he estado en Staglieno (no me maten, sé que es un delito para cualquier amante del arte funerario)...
La señora Campodonico era una humilde castañera genovesa que hete aquí regalaba castañas a un joven y pobrón estudiante llamado Giuseppe Verdi siempre se acercaba a su puesto. Ese tal Verdi ;-) se convirtió con los años en un afamado compositor de óperas, así que en agradecimiento a Caterina le invitó a todos y cada uno de sus estrenos operísticos.
En vida la mujer no trascendió, pero sí quiso que su descanso eterno fuera admirado por todos los que se acercaran al camposanto de Staglieno. De tal forma la castañera fue pagando al escultor Lorenzo Orengo en cómodos plazos la talla de su escultura funeraria. Murió antes de saldar la cuenta con el artista, pero todos aquellos que la conocieron, incluido Verdi, fueron a escote para cumplir la última voluntad de la señora Campodonico.
Bonito, ¿verdad?
La entrada al Cementerio de la Reina, a las afueras de Cienfuegos, frente al mar Caribe.
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En fin que, como les digo, había oído campanas, pero no sabía dónde tocaban y venía tan contenta a ilustrarles sobre la otra castañera -por aquello de que es una figura tradicional en nuestros belenes y estamos en vísperas de Navidad-, pero imposible. ¿Imposible? Esperen. Resulta que la Bella Durmiente sí que tiene en cierto modo una estrecha relación con el cementerio genovés.
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| Más que muerta la Bella Durmiente parece sumida en un profundo sueño, ¿fruto de las semillas de opio que lleva en la mano derecha...? |
La serpiente en la mano izquierda y las adormideras en la derecha.
En efecto la Bella Durmiente es un delicado trabajo encargado por Vicente González -el apenado esposo- esculpido en mármol de Carrara con lo cual se presume que el escultor que la talló fue también italiano, pero no se sabe a ciencia cierta. Algunos estudiosos de la materia atribuyen la escultura a Santo Saccomanno, pero no hay evidencia documental. Podría haber sido, sí, pues la escultura cienfueguera es de 1907 y el escultor murió en 1914, aunque resulta poco creíble.
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Aquí tienen una foto. Aquí tienen otra. Aquí una más.
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| Es considerada la más importante escultura neoclásica del siglo XIX en Cuba. Tanto el medallón como la placa con el nombre de la familia son añadidos posteriores a la realización de la escultura. |
Aunque sea desde lejos (cosas de tirar en analógico) se puede apreciar el fino trabajo en el pelo, posiblemente lo más trabajado de toda la figura.
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Superado este pequeño chasco con la hechura de la preciosa Bella Durmiente, les diré que siempre me gustará más que la original, aunque solo sea por la aventura que ir a verla supuso, con pedida de pasaporte/medio arresto incluido, todo gracias a mi aspecto de yanqui sospechosa haciendo fotos a diestro y siniestro en plena celebración del aniversario del Día de la Rebeldía del Pueblo de Cuba con la ciudad repleta de militares y yo sin saberlo...
Sin castañera, pero con mucho entusiasmo (estudiar las copias de esta estatua repartidas por el mundo, hmmm... ), les deseo unas felices fiestas.
Cal.















































