lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Quién vive ahí?
La tumba de San Marcos en Venecia. O no.

Vamos a darle un poco al coco. ¿Cuál es la tumba que le hace exclamar a usted "no puedo morir sin ir a verla"? A mí se me ocurren un montón, casi prefiero no pensarlo ya que me harían falta dos o tres vidas para cumplir mi deseo y la cuenta bancaria de la heredera Onassis, que no es el caso, pero hay una que de verdad moriría por ver: la tumba de Alejandro III de Macedonia, alias Magno, en todo el esplendor que Plutarco remarca en Vidas Paralelas, Flavio Arriano en Anábasis de Alejandro Magno (basándose por lo visto en los escritos de Ptolomeo I Sóter, que no se han conservado) y Diodoro Sículo en Biblioteca Histórica (Libro VIII).

Moneda de la época con el perfil de Alejandro Magno ataviado con uno de sus cascos de guerra: cabeza de león.
Por si no lo saben, el mausoleo del monarca griego y su momia se perdieron con el transcurrir de la Historia. Poco se sabe de su lugar de reposo eterno después que el emperador Teodosio aboliese el paganismo como religión allá por el siglo IV de nuestra era :-(  Si realmente estuviera podrida de dinero, emplearía gran parte de él en encontrar esta tumba de igual manera que Schliemann se empeñó obstinadamente en encontrar los restos de Ílion y lo consiguió. Hacerlo aquí con las posaderas bien asentadas sobre una silla de oficina, con libros, revistas y artículos de web rondando, será ciertamente complicado (o un milagro directamente).

Es posible que una vocecilla interna les esté diciendo a estas alturas del post a esta chica se le ha ido la pinza, ¿no pone en el título que va a hablar de San Marcos? Sí, sí, voy a hablar de San Marcos, por supuesto, y de la soberbia basílica que alberga sus restos mortales o al menos eso creíamos hasta hace unos pocos meses...

A San Marcos le conocemos sobre todo por ser uno de los cuatro evangelistas del Nuevo Testamento. Su representación alegórica se hace a través de un león alado ya que su evangelio, el más breve de los cuatro aprobados por la Iglesia, comienza hablando del lugar de conversión de Jesús que no es otro que el desierto y el rey del desierto que no es otro que el felino de peluda cabellera (Alejandro también se solía ataviar con una cabeza de león, símbolo de la fuerza en su época, ¿una coincidencia más...? Continúen, continúen...)


La figura de San Marcos Evangelista corona el espigón de la puerta principal de la basílica homónima. Debajo de él, su animal simbólico y también el de la ciudad de Venecia: el león alado.

Si empiezo con un concienzudo análisis de la historia del primer cristianismo, uf, no terminamos este post ni en cien años porque, si bien el paradero de Alejandro Magno es uno de los grandes enigmas de la arqueología actual, la vida de Jesús de Nazaret, de sus Doce Apóstoles y alrededores vitales (los discípulos) no lo es menos. Así que unas pequeñas pinceladas sobre San Marcos Evangelista (o Juan Marcos, como lo llaman también en la Biblia, Hch 12, 12) para comprender cómo acabó con sus huesos en Venecia.

No se sabe con seguridad si conoció de primera mano las prédicas de Jesús, aunque algunos historiadores le sitúan en el Huerto de Getsemaní (Mc 15, 51-52), pero en definitiva no es considerado un discípulo directo. Según la tradición eclesiástica Marcos es el intérprete que traducía a San Pedro Apóstol (se refiere a él como hijo en su primera carta, 1P, 5, 13) frente a las audiencias de habla griega; de hecho su texto está escrito en griego con palabras sencillas, fuertes y de fácil comprensión. El historiador del siglo IV d.C. Eusebio de Cesaréa lo hace constar así en su Historia Eclesiástica, Libro III.

Si bien es verdad, con quien más parece que viajó fue con San Pablo de Tarso y su primo San Bernabé Apóstol predicando en Antioquía (Hch, 12, 25), en Roma (Hch, 13, 13-15) y en Chipre (Hch, 15, 36-39). También en la segunda carta a Timoteo se sitúa a Marcos como discípulo de Pablo (2 T, 4, 11).

Pero nada más se sabe de este hombre a ciencia cierta... Las tradición y posiblemente las leyendas nos sitúan a San Marcos en Alejandría (Egipto) formando allí una comunidad cristiana muy próspera: la Iglesia de Alejandría. También se considera que sufrió martirio aproximadamente en las inmediaciones del año 68 d.C. según un escrito denominado Hechos de San Marcos fechado en el siglo IV (no he sido capaz de encontrar mayor referencia a tal documento). Los fieles de la escuela cristiana salvaron el cuerpo inerte del santo de las llamas y salvaguardaron sus restos en la ciudad de Alejandro.

No se vayan todavía, ¡aún hay más! (y lo más interesante, esto es, cómo se unen las dos historias) ;-)

En el año 828 dos mercaderes venecianos, Buono da Malamocco y Rustico da Torcello, estaban haciendo negocios por Alejandría. Allí andaban un poco con la mosca detrás de la oreja ya que los musulmanes se estaban haciendo con el control de las iglesias de la ciudad convirtiéndolas en mezquitas y temían por los restos del santo fundador Marcos. Así que hablaron con el monje Staurazio y con el párroco que gestionaba el templo donde se hallaban la exequias, Teodoro, y acordaron llevarse los restos del santo a Venecia donde se erigiría un edificio para albergar sus restos. En aquella época tener las reliquias de un santo en tu ciudad era sinónimo de peregrinaje, comercio y bonanza. El dogo Justiniano Particiaco recibió al evangelista en la capital del Veneto y se comenzaron las obras de la iglesia al lado del Palacio Ducal.

A pesar de comenzar las obras de la basílica de San Marcos en el año 828, la construcción ha sufrido profundas remodelaciones a lo largo de los siglos que le han hecho convertirse en un edificio con un conglomerado de estilos puestos de tal modo que el mejunje sorprende al visitante por su soberbia belleza.

Rebobinemos para saltar al presente. Ô_ô

Actualmente son cuatro las líneas que se están barajando para situar la momia de Alejandro Magno en algún lugar del planeta. Su trasiego después de muerto tiene tela que cortar, ¡madre mía! Alejandro murió en el 323 a.C. a la edad de treinta y tres años sin haber dejado ningún heredero que gobernara su basto imperio. Su esposa oficial Roxana estaba en cinta y poco después darían a luz a un varón: Alejandro IV. Ambos fueron asesinados tras múltiple intrigas palaciegas.

Mientras tanto los generales de mayor confianza del monarca iniciaron una serie de sangrientas guerras -Guerras de los Diádocos- en las cuales se disputaron el gobierno de los terrenos conquistados y, en ocasiones, el cuerpo momificado de Alejandro. Sea como fuere el cuerpo estuvo reposando durante cuatro siglos en Egipto (primero en Menfis, más tarde en Alejandría) gracias a que Ptolomeo I Sóter le gano a Pérdicas, regente del imperio hasta la mayoría de edad que nunca llegó de Alejandro IV- la batalla por el cuerpo del monarca.

Sí, sí, aquí están, prácticamente escondidos para el común de los mortales debajo del altar mayor, los restos de alguien que vino de Alejandría ¿San Marcos Evangelista? ¿Alejandro Magno? Hagan sus apuestas.  O vas buscando esta tumba o no la ves ya que encima justo está una tabla gótica con representación apostólica y pantocrátor que quita el sentido y justo por detrás la maravillosa y sofisticada Pala de Oro.
Si han leído hasta aquí, se merecen un premio. Vamos a encajar las piezas del puzzle de una vez. El siglo IVd.C.  fue un siglo lleno de cambios a todos los niveles. El mundo estaba experimentando un cambio de paradigma y entre tanto revuelo ideológico, político y social parece ser que los cristianos iban ganando un par de cuerpos en la carrera por la soberanía al resto de corrientes filosófico-religiosas. Alejandría era un punto caliente -más que caliente, ardiente diría yo- en el panorama mundial de entonces. Los enfrentamientos y saqueos entre los seguidores del paganismo y del cristianismo eran continuos (el director de cine Alejandro Amenábar recreó con bastante -gran- acierto ese ambiente en su última película Ágora, ¡véanla!). Hete aquí que los custodios del mausoleo del rey macedonio -entonces ya ascendido a la categoría de dios- temían por el cuerpo del rey y PO-SI-BLE-MEN-TE durante las continuas revueltas mintieron a los cristianos haciendo pasar a Alejandro Magno por San Marcos Evangelista para que no destruyeran su cadáver. Por primera vez en el año 390 d.C. se menciona (Eusebio de Cesaréa, de nuevo) que el cuerpo de San Marcos está en Alejandría y a la vez desaparece la momia de Alejandro de la historia...

Esta hipótesis es la que mantiene Andrew M. Chugg en su libro The Lost Tomb of Alexander the Great. ¡Una prueba de ADN, por compasión! Pues no, no valdría para nada. ¿Acaso ha llegado algún descendiente de Alejandro Magno hasta nuestros días? No. Claro que también se podría ir a contrastar con los restos supuestamente de Filipo II de Macedonia -su padre- que se han encontrado en Vergina... El autor del libro se inclina más por un análisis exhaustivo de los huesos del cadáver ya que Alejandro fue herido en el esternón, se le clavó una lanza, en una de las numerosas contiendas que protagonizó. También fue herido profundamente en el fémur con lo cual ambas marcas deberían de aparecer en la osamenta de la basílica de San Marcos.

¿Habré visto entonces a mi amado Alejandro Magno ya sin apenas pararme unos minutos a contemplar el túmulo de piedra caliza? ¿Tendré que volver a esa maldita Venecia para rendir pleitesía al personaje histórico que más admiro? Ojalá..., aunque ¿qué fue del espectacular sarcófago de oro y del mausoleo de  alabastro y cristal que albergaba al decimotercer dios del Panteón pagano...?

PD. Algún día les hablaré del impresionante Sepulcro de Sidón, también llamado de Alejandro Magno, que es simplemente espectacular. Lo vi hace ¡10 años! Por entonces ni se me pasaba por la cabeza tener un blog ¡¿UN BLOG?! e iba con mi cámara de carrete, así que solo saqué un par de fotos, ¡ay! Bueno, pues tendré que volver a Estambul... Y a Venecia...

7 comentarios:

  1. A mi me pasó igual que a ti, ¡no lo veía!. Me has hecho entrar ganas de vovler a Venecia, en Estambul no he estado, pero también me has hecho verte en mi con nuestras cámaras analógicas, haciendo fotos "racionadas" que luego cuando volvías te gastabas un pastón en revelarlas :-)
    Tu entrada es una clase de historia pero mucho mejor, tienes la capacidad de escribir de una manera que me gusta mucho mucho.
    Bueno guapa, feliz semana, un abrazo:-)

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  2. Ay, Mar, no sabes los lloros que tuve en Novodevichi, en Moscú, porque no podía tirar más carretes de fotografías en su cementerio... Aún así gasté como dos o tres de 36 fotos. Ahora con las digitales yo creo que me paso un poquitín, pero mejor pecar por demás que por escasez. Ayer en la Sacramental de San Justo me tuvieron que sacar como a los niños pequeños. No veía el momento de dejar de disparar con la cámara y eso que solo iba a visitar la tumba de Larra. :-D

    Estambul es una ciudad mágica. Junto con Roma son mis dos ciudades favoritas de Europa, al menos de las que he visitado. Es alucinante llegar en avión y ver cómo vira en el Cuerno del Oro camino del aeropuerto de Atärturk, con las cientos de bóvedas de mezquitas y sus minaretes. ¡Precioso! Y sus cementerios son espectaculares. De hecho cuando estuve allí fui a ver el Cementerio de Eyüp, el cementerio de mayor extensión de Europa (es interminable), pero lo que más me llamó la atención es que sus cementerios están en el centro de la ciudad, con cafés y teterías dentro de ellos y niños correteando por entre las tumbas. Igual algún día cuelgo unas fotos, por curiosidad, porque de allí no puedo escribir ninguna parrafada como la de hoy.

    Gracias por los piropos, Mar, es un verdadero honor viniendo de tu parte ya que te admiro muchísimo.

    Feliz semana también para ti, Mar. ¿Nos vamos a Venecia? Aparte de visitar San Marcos nos daríamos también un paseíto por San Michele, ¿sí? Un besazo.

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  3. Ah, por cierto, como tumbas espectaculares, hablando de Venecia tendríamos que visitar San Juan y San Pablo que es ¡flipante! Alguna colgaré en el facebook cuando me vuelva a conectar...

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  4. A mi también me han entrado ganas de volver a Venecia tras leer tu entrada. Veo que nos dejamos alguna que otra cosa por ver cuando estuvimos. ¡Y eso que no paramos!

    Sobre el tema de las cámaras digitales, estoy de acuerdo en que han sido todo un avance. Nosotros nos convencimos cuando nos quedamos sin carretes en la Alhambra de Granada. Ahora el problema está en ordenar tanta foto...

    A ver si algún día nos dan una alegría y encuentran el mausoleo de Alejandro Mago, aunque siendo el sarcófago de oro, mucho me temo lo que pasó con él...

    Por cierto, una entrada muy bien hilada.

    Un saludo.

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  5. Uff, la de veces que me habré quedado sin carrete... Bueno, recuerdo hasta una vez que, trabajando de corresponsal hace mil años, fui a sacar unas fotos y se me olvidó meter el carrete en la cámara. Inocente...

    Di el salto a digital fundamentalmente porque en analógico ya me dejaba unos pastizales terribles a la hora de revelar. Estaba haciendo fotografía deportiva, by the face y ahí sí que no puedes escatimar en disparos, así que me salía cada partido a un ojo de la cara. Luego también me pasó lo mismo con las fotografías de conciertos, con esas iluminaciones tan chungas, tienes que estar disparando continuamente, así que no me salía a cuenta tirar mil carretes para vender una triste foto al fanzine de turno...

    No es que me guste la foto digital, pero la encuentro terriblemente práctica. Y ahora además que me han regalado una Lumix para llevar en la butxaca a todos los lados, uff, me vuelvo looooca. No hay día que no pegue un disparo.

    ¡Menudo rollo, fuffff! Estoy parlanchina hoy. :-)

    Aunque Venecia no me gusta demasiado, he de volver... ¡Hay que documentar las tumbas de los dogos, Ksawery!

    El día que encuentren el catafalco y/o sepulcro de Álex, vamos, allí que me presento. Lo veo difícil precisamente por lo que tú dices: oro, alabastro, cristal... Los saqueadores se volverían looocos de remate ante tal botín. Lo que sucedió con la tumba de Tutankamon es una rara avis dentro del mundo arqueológico funerario.

    Sigo investigando sobre el tema, no creas que no. De hecho estoy pendiente aún de que me contesten dos personas a las que escribí para que me aclararan, si querían/podían, unos puntos sobre la muerte de San Marcos y el hallazgo de una cámara funeraria de estilo griego a 10 metros de profundidad en Alejandría.

    Seguiremos informando...

    Besotes.
    Cal.

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  6. Hola:
    Gran clase de historia antigua, hacía tiempo que no oía hablas del gran Alejandro. Una interesante teoría la del "cambiazo de cuerpo" con el fin de protegerlo de alguna que otra profanación, argumento digno para una novela….
    En casa de que se demuestre que es el cuerpo de Alejandro magno, no estaría de más hacerle una visita (y aunque no sea el también las vistas merecen la pena). La historia me recuerda a uno de los grandes centros de peregrinación de España, la tumba de Santiago. Sombre esta también se especula, que el cuerpo es de Prisciliano un obispo, creo recordar.
    Ahhh, arqueólogo que bonita profesión, pero creo que me queda lejos. Encontrar tumbas repletas de tesoros…… Como mucho creo que las encentre en mis sueños.
    Un Saludo, y felicidades por este gran post, que es ante todo muy entretenido.

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  7. ¡Muchas gracias, Helevort! :-D
    Yo creo que el tiempo de la arqueología (entendida como grandes descubrimientos tipo Tutankamon, Xián, Sipán o Troya) ya ha pasado. Todavía quedan muchos secretos que desvelar, pero, no sé yo si nos sorprenderemos con alguno...

    La teoría de Andrew Chugg sí que es un poco de novela, sí. Yo me inclino más porque Alejandro esté debajo de alguno de los interminables túneles que taladran la ciudad de Alejandría, peeeeeero, todo es posible con este hombre (está dando tanta guerra de muerto como cuando estuvo vivo).

    Salu2.
    Cal.

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